En general, finalizar un semestre significa horas sin dormir, sueño, cansancio, estrés, molestías/alegrías… y mil cosas más pero quizá lo más preocupante sea el deseo de ya salir sin importar de qué manera ni cómo. Esto complica enormemente el proceso de aprendizaje en el aula.
Las dudas comienzan y el tiempo se acaba, pasar forma parte del anhelo de un colectivo y se crea automáticamente un brecha, la brecha del conocimiento…
Alteramos la línea de aprendizaje cuando suena la voz “Jóvenes, faltan sólo 2 semanas de clases por lo que…” Producto de esto escuchamos “No entendí nada, no aprendí nada… lo único que tengo en la cabeza es lo que me enseñaron en bachillerato“. Se empiezan a modificar líneas y líneas de aquel plan de evaluación desconocido, que se muestra al principio pero al final se olvida y queda sólo la palabra del docente retumbando en los oídos de cada criatura móvil presente.
Es ahí cuando ocurre el mayor problema de lo que será la próxima generación del futuro: los cúmulos de paquetes rotos…

…¿A dónde irá a parar, el tren del conocimiento?.
Continuará.